miércoles, 20 de mayo de 2009

Miércoles, 20 de mayo de 2009

Una semana más tarde subo una nueva entrada a mi blog y todo porque el servicio de internet en el país tercermundista que habito es pésimo.
Vivir en un país como el mío, tiene sus ventajas y desventajas. Aclaro que amo mi país tanto como a mí misma, porque forma parte de mi identidad.
Asisto a una de las universidades más caras y elitistas del país, ésta se encuentra al lado de un barrio marginal de la ciudad y próximo a la sede del Parlamento.
A veces me tomo el tiempo de pararme en una explanada y mirar el panorama. Éste es tan peculiar, porque de un vistazo se puede apreciar la realidad nacional; por un lado están los niños marginados, en harapos y descalzos, y por otro los vehículos más lujosos custodiados por guardaespaldas privados que pertenecen a los estudiantes que asisten a mi facultad.
Ayer estaba en clase, y de fondo se escuchaba el ruido de los bombos y el unísono de "el pueblo unido, jamás será vencido" de los maestros que estaban realizando una manifestación en la plaza del Parlamento. Esto ya es pan de cada día para nosotros, hay días que no se puede llegar a nuestra alma mater por el caos en el tránsito que causan estos personajes.
En una ocasión estaba paseando con una chica extranjera que provenía de un país europeo y paseándonos por el centro de la ciudad, nos topamos con una de éstas movilizaciones. Ella se quedó fascinada y me pidió que atravesemos la multitud y no me pude negar. Debo admitir que se me erizó la piel al ver gritando a tantas personas reclamando un derecho.
Pero, cómo dijo Kant: "a cada derecho corresponde un deber",esa es la parte que se obvia en mi país, la del deber.
Mucha gente reclama todos los días constantemente sus derechos, sin cumplir sus deberes, y nosotros, una pequeña clase de la sociedad aguantamos las manifestaciones y todo lo que eso implica, tratando de llegar a nuestros puestos de trabajo, para ganar un sueldo que a veces no alcanza, para pagar impuestos que irán a subsidiar una maquinaria estatal burocrática, que a su vez fomenta la aparición de manifestantes de derechos, que no cumplen sus obligaciones y que nos succionan cómo si fuesen garrapatas aferradas a un perro. Sólo que al perro ya casi no le queda sangre.

1 comentario:

  1. A veces la realidad duele Gigi. O molesta, más bien en este caso. Pero así es nuestro bendito país, "país de maravillas". Ojalá las cosas mejoren, ya que, como se dice, la esperanza es lo último que se pierde.

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